Ley de la Atracción


Mi primer acercamiento con la llamada Ley de la atracción lo tuve a principios del 2007 cuando un profesor de computación, que en sus ratos libres sobrecargaba el ancho de banda de la escuela con Ares, me mostró una de sus más recientes adquisiciones, la película de El secreto (2006).

Él, como buen profesor sin una rigurosa formación académica, quedó impresionado con la película a la que llamó “documental”. Y yo, como buena estudiante abierta a todo lo nuevo, le di el beneficio de la duda y en algún momento hasta el de la certeza. Por supuesto, no había manera de comprobarlo o refutarlo, ni el amplio acceso a la información del que gozamos en la actualidad. Lo creías o no y punto. Como cualquier dogma. 

Cabe señalar que los dogmas son religiosos y las leyes son científicas. (Los ‘dogmas científicos’ o ‘leyes religiosas’, son conceptos usados como un oxímoron despectivo y como un término legal respectivamente. No hay un punto medio.) Desde ahí tenemos un problema.

Memes absurdos para ideas absurdas

Poco después de la película, publicaron el libro homónimo. Ambos de Rhonda Byrne. Mientras los científicos se toman el tiempo de analizar para entender y explicar la diferencia entre teoría y ley, ella tuvo la audacia de llamarle ley a su hipótesis. Y, por si fuera poco, le llamó secreto porque la conspiranoia vende… Pero la curiosidad puede matar. 

En 2006 en la película, el testimonio de Cathy Goodman asombró al público. Afirmó haber superado el cáncer de mama gracias a la ley de la atracción, y sin ninguna ayuda médica. Pues adivina quién se murió y de qué en 2014. 

Por supuesto, eso no salió en la película ni lo verán en ninguna obra futura sobre El secreto. Hay verdades y respuestas incómodas que sólo el tiempo puede dar. 

Por el año 2000, cuando se empezó a popularizar el uso de la computadora y el internet, muchos pensamos que lo que hacía falta para acabar con la ignorancia, con la desinformación y con las creencias sin fundamento era tener acceso a la información. Veintidós después, muy a pesar de la abrumadora cantidad de información y lo fácil que es acceder a ella, vemos que no era acceso lo único que necesitábamos, sino pensamiento crítico. 

Lejos de acabar con el pensamiento mágico, se formaron grupos de personas que lo creen como verdades absolutas y lo difunden orgullosos de su conocimiento (a.k.a. desinformación). Justo eso fue lo que sucedió con esta “ley”. En la actualidad, abunda la gente que habla de la ley de la atracción. El secreto ya no es un secreto. Y lamento decirte que nunca lo fue. El único secreto de El secreto™ está en nuestra propia naturaleza: en la necesidad de creer, en la curiosidad y nuestra capacidad para asociar ideas, sean falsas o verdaderas. Abrir la mente a nuevas ideas no está mal, es una parte indispensable para el desarrollo, pero de nada sirve tener una mente abierta, si sólo dejas entrar basura.


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