Bichos raros y drogas


Cuando recién llegamos a Tultitlán (en 2006), supimos de un jardinero drogadicto que dice ser nada menos que la reencarnación de Jesucristo, y el parecido es indiscutible. Tampoco está a discusión su excelente labor en la jardinería, porque él mismo siembra, cosecha y consume su propia droga.

El jadinero es pobre como Jesucristo, tan pobre que ni jardín tiene. Renta un cuartito en una vecindad ubicada en contraesquina a mi casa. Sería mucho pedir que tuviera jardín, cuando no tiene ni baño propio. Así que, para satisfacer sus necesidades alucinógenas, siembra en jardines ajenos. Nos enteramos el día que se le ocurrió sembrar marihuana en el nuestro.

En ese entonces, todavía no deslindaban el terreno que venía incluido con la casa. Sin deslinde no podíamos construir barda, reja, ni nada que pudiera proteger nuestro terreno, por eso a Jesucristo II se le hizo fácil sembrar ahí.

Cuando mi mamá se dio cuenta, le pidió al señor Reyes (¿habrá un Rey que se apellide “Señores”?), el jardinero que contrata desde hace años, que, por favor, la quitara. Como que no entiendió que el “por favor, quítela” era un “por favor, tírela” y, una vez “quitada” la planta, se la llevó a mi mamá, con todo y raíz y tierra y hasta una bolsita, como si la orden hubiese sido “por favor, démela”.

Entre la confusión, salí de mi recámara y vi la planta en la sala. No podía creer lo que estaba viendo sobre la mesa. En cuanto entró mi mamá, quise desengañar a mis ojos preguntándole si eso era lo que parecía. Para hacer más grande mi sorpresa, dijo que sí era marihuana, y me contó toda la historia detrás de la plantita.

Luego de saber que esa indefensa criaturita, a su corta edad, ya tenía todo una historia, me partió el corazón diciéndome que la iba a tirar a la basura porque el señor Reyes no lo había hecho. ¿Qué culpa tenía Motita de que Jesucristo II la hubiera sembrado en nuestro jardín para fumársela después? ¿Por qué tenía que morir una bella plantita sólo porque a los seres humanos se les había ocurrido que su existencia era ilegal?

Mi heroína interior (y no me refiero a otra droga) salió al rescate. ¡No podía permitir tamaña injusticia! Entonces le pedi a mi mamá que por favor, por favor, por favor, me dejará conservarla y, después de mucho insistir, no queriendo, accedió.

La sembré en una maceta, le di todos los cuidados necesarios y, como buena hierba mala, creció a una velocidad impresionante. En los ocho meses que vivió, pasó de caber en la palma de mi mano a alcanzar los 60 cm de altura, sin contar la raíz y la maceta, porque de contarlas, ya medía la mitad de lo que yo mido. Así de alta era Motita, y así de bajita soy yo. “Era”, porque una plaga la asesinó.

Luego de tres meses de verla crecer, noté que se estaban secando varias hojas. No le di importancia porque ya se le habían secado antes y era normal que le pasara eso a las hojas viejas, cuando estaban por salirle hojas nuevas. Tampoco le presté atención a una extraña pelusa que pendía de toda la planta.

Como al mes, me di cuenta de que no eran las hojas viejas las únicas que se le estaban secando, también las que le acababan de salir. Me acercé a ella, la miré fijamente y pude ver que las hojas se movían, y eso que nunca me la había fumado. Era la plaga: microscópicas arañas de color verde, las más pequeñas que haya visto, y la pelusa, era su telaraña. Curiosamente, había varias macetas cerca de Motita y a ninguna otra planta se acercaron.

Hice de todo por deshacerme de la plaga; limpié las hojas a diario, le puse líquidos antiplaga, usé varios insecticidas, etc. Nada funcionó. En menos de 24 horas, ya estaba infestada otra vez. Durante sus últimos días de vida, me resigné a verla morir lentamente en manos de esas crueles arañas drogadictas.

Desde entonces, Jesuscristo II nos odia por hablerle quitado uno de los medios de comunicación que tenía para hablar con su papá Dios: las efectivas señales de humo.


La fecha de este post es la fecha en que lo publiqué en mi primer blog. Desde muchas cosas desde entonces, así que, con el tiempo, añadí un par:

Actualización (un año después): Me acabo de enterar que las arañitas drogadictas son un tipo de ácaro marihuano que sí se puede eliminar. ¡De haberlo sabido antes! 🙁

Actualización (dos años después): El señor Reyes no se apellida así: ¡se llama así! Nació el día de Reyes y a sus ingeniosos padres no se les ocurrió nombrarlo ni Melchor, ni Gaspar, ni Baltazar, sino Reyes, así, a secas. ¡Pobre! Parece que tiene tres apellidos, pero en realidad tiene tres nombres en uno. Si algún día los deprime su nombre, acuérdense del señor con tres nombres y tres apellidos a la vez. 🙁


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